Las nuevas guerras

Aunque la actualidad parezca decirnos lo contrario, la verdad es que cada vez hay menos guerras, al menos en su concepción clásica. Y es que la historia nos ha ido enseñando (al menos a los europeos) que la guerra tiene un coste económico y social del que es muy difícil sobreponerse.

Desde que la crísis de 1929, provocara el fin de la confianza en las políticas económicas basadas en los postulados de Adam Smith y el triunfo de las ideas de Keynes, la búsqueda del pleno empleo ha sido una de las claves que ha buscado todo Estado. Y es que se ha demostrado, con matices, que el empleo es una de las claves para conseguir una superioridad económica frente a tus territorios rivales.

Las guerras que buscaban controlar territorios mediante la fuerza, en busca de recursos naturales, o posiciones estratégicas (riqueza), se han convertido en guerras por controlar las empresas que producen el empleo en un territorio (riqueza).

Cuando alemania y españa luchan por Endesa, luchan territorialmente por decidir dónde se crean puestos de trabajo, y por controlar fuentes energéticas.

Cuando se aplica un impuesto o subvención, se lucha territorialmente por que los beneficios económcios sean para un territorio.

No hay que olvidar que en Europa seguimos en guerra y que nuestros Estados deben defendernos…

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