Fama y los realities: ¿Para cuando los post-realities?

Resumiendo mucho: la narración ha evolucionado desde la ficción más inocente (por ejemplo: si vemos una película de los años 40 casi siempre los personajes nos parecen maniqueos y las tramas inocentes), hacia ficciones mucho más realistas (por ejemplo, El pico, una película de los ochenta sobre heroinómanos) hasta acaban desembocando en los realities. Y es que la gente se cree cada vez menos cosas. Antes los niños eran felices con La bella durmiente, ahora no soportan nada que esté por debajo de Shrek. Antes las películas eran como un gran truco donde no se cuenta cómo está hecho, ahora para promocionar una película te ponen el making-off… la tendencia es clara: la ficción debe estar muy cerca de la realidad, o mejor: ser realidad.

Lo que pasa es que la realidad es aburrida. ¿Cómo lo hacemos lo más real posible pero sin ser aburrido? La solución la llevamos viendo hace ya muchos años: se trata de grabar la realidad de la gente creando unas reglas artificiales que la hagan más interesante. En pocas palabras:

La diferencia entre la ficción, y el reality o el reportaje están claras. Sin embargo, diferenciar entre reportaje y reality es más complejo. La clave está en las palabras que voy a marcar con negrita por tercera vez: reglas artificiales. ¿En qué academia de baile del mundo te echan a tí también si tu compañero de una semana baila fatal? ¿En qué academia te juzga públicamente un jurado y luego la gente, ajena a la academia, puede llamar por teléfono para expulsarte? Es evidente que en ninguna.

Fama: ¡a bailar!, no es un programa sobre una academia de baile: es un concurso de la tele. Sin embargo, los integrantes de la academia no lo perciben así. Creen realmente que están ante una oportunidad para sus carreras de baile. Es cierto que tienen la oportunidad de convertirse en estrellas mediáticas, pero dudo que el paso por ésta “academia” brille en un curriculum como lo haría el paso por una academia de baile de prestigio europea (diría alguna, pero no conozco ninguna). En dos palabras: creo que pasando por ésta academia de baile hay más posibilidades de acabar presentando un programa para niños que acabar en el ballet nacional.

El por qué los concursantes no perciben que están en un concurso de la tele o cuándo comenzarán a hacerlo no lo sé. Hasta entonces, a realities como Fama se les verá el plumero pero seguirán funcionando. Ahora bien, la cosa se pondrá interesante cuando los propios participantes se den cuenta de que no son alumnos sino concursantes: habrá comenzado la era del post-reality.

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