Oda al paraguas

Hace una pocas semanas descubrí un pequeño artefacto llamado paraguas. Siendo serios he de reconocer que sabía de su existencia desde hace una tira de años, pero no fue hasta hace casi unos veinte días cuando verdaderamente di valor a su existencia.

Comencé a utilizarlo justo después de la grave lesión de mi ordenador (TODOS SOMOS POWERBOOK DE LUJAN), ya que debía desplazarme hasta un lugar inóspito para realizar mis tareas informáticas, y me dí cuenta de que no te mojabas. Puede sonar a chufla marinera, pero la verdad es que siempre había odiado los paraguas. O eso creía yo, ya que no los conocía como debía.

Y así he pasado estas semanas con mi paraguas de Gold Coast hasta que hoy una racha de viento lo ha destrozado. En otra ocasión en la que hubiera sacado el paraguas a pasear, no hubiera sentido ninguna emoción, pero hoy me he sentido fastidadiado. Sé que ya no voy a poder vivir sin una umbrella nunca más y ya estoy pensando en qué modelo voy a invertir mi poco dinero.Hurgando por la red he encontrado que el uso del paraguas tiene implícito una serie de normas de cortesía y hasta la tradición le atribuye una serie de supersticiones.

Pero lo que más me extrañaba era que un invento tan sencillo y tan antiguo no hubiera sido variado ni mejorado con los años (sin contar su evolución mecánica y de materiales), y cuál ha sido mi sorpresa al encontrarme con dos progresos.

El primero se trata del paraguas Wifi.Un paraguas que se conecta a los institutos de meteorología a través de internet y te avisa si va a llover.

El segundo es una de esas mejoras que yo he llamado mecánicas y que es por lo menos curioso, además de práctico, ya que sirve para no tener que andar cumpliendo la primera de esas normas de cortesía que hemos mezclado antes.

Leave a Reply