Nunca supe cuanto te quería mi pequeño amigo…

¡Ya tengo de nuevo el ordenador! Este pequeño tesoro, tan insignificante en la vida de terceras personas, pasó a formar parte de mi vida hace más de dos años. En un principio fue adquirido con la intención de aprender a diseñar, pero nada más caer en mis manos expulsó de sus dominios cualquier atisbo de competencia y se erigió en mi compañero tanto de fatigas como de mis mejores momentos de ocio. En él nació la idea de convertirme en un blogger, y con él pasaba mis horas navegando por la web.

No me sentía un enganchado ni a él ni a la web, pero un día el disco duro petó. Esa frase que todos conocemos y casi nadie sabe lo que realmente significa me dejó perdido en el mundo. No sabía que hacer en esos momentos del día en los que tu única misión es leer y escribir. Si a esto le unimos que me lesioné y no podía ir a entrenar, la situación se agudizó. Me di cuenta de que necesito a esta pequeña cucada y hoy, casi tres semanas después y después de haber logrado instalar casi todos los programas que requiero, me siento mucho, pero que mucho más tranquilo.

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