Sonrisas
La verdad es que a día de hoy, viajar es una experiencia tremendamente gratificante, los aeropuertos se han convertido en el corte ingles de las estupideces…
Hoy nada más entrar tirando de mi maleta (que por supuesto sobrepasa el peso máximo establecido por mi compañía de bajo coste) me dan la bienvenida dos policías británicos que con aire gandul, pasean por el aeropuerto con dos metralletas que dudo mucho, sepan usar. No he podido evitar reírme al imaginarme a esos dos agentes de la policía revolcándose por el suelo torpemente, tratando de esquivar las balas de algún terrorista islamista despistado como si de una escena “la jungla de cristal” se tratara.
Con la sonrisa en la boca, me he propuesto situarme dentro de este mercado de carteles de publicidad y ordenes directas. En una de las televisiones en las que aparecen todos los vuelos veo que debo facturar las maletas en la Zona C. Me dirijo sonriente hasta que me doy cuenta de que el terror ha perder el taxi, tren o el propio avión, han hecho que llegue dos horas antes de la hora de facturación, que por otro lado es dos horas anterior a la hora de embarque, luego, echando cuentas, me quedan cuatro horas para montar en le avión que me llevara a casa.
Con tanto tiempo por delante y teniendo en cuenta que las prisas no me han dejado desayunar me dirijo a comer. Tras olisquear los millones de badulaques modernos que tengo al alcance de la mano, he optado por el único que tenia una zona para sentarse (porque si alguien se cree que teniendo cuatro horas por delante, voy a comer de pie, o sentado en una de las butacas de aeropuerto, va listo).
El caso es que gracias a la agilidad que me caracteriza, al detectar un pequeño movimiento en la ceja de uno de los comensales, me he abalanzado sobre la única mesa que iba a quedar libre en los próximos quince minutos, evitando que una graciosísima pareja de británicos jubilados hiciera realidad su particular sueño de comer sentado.
Tras conquistar el territorio, me he dispuesto a elegir mi aperitivo, ardua tarea cuando necesitas uno de tus dos ojos para controlar tu equipaje no vaya a ser que algún malvado narcotraficante o terrorista islamista, meta en tu maleta algo que pueda poner en jaque a las autoridades.
Total, que después de comer mirando a mis semejantes, seres afortunados por degustar un sándwich sentados, he decidido dar descanso a mi valioso cerebro haciendo el sudoku del periódico que el hombre de la ceja había dejado para mi.
La comida, el sudoku y el placer de sentirme ocupando un lugar privilegiado, me han tenido allí sentado casi hasta la hora de facturación. Me dirijo al mostrador de easyjet con el deseo de encontrar algún hispano parlante en la cola de facturación, pero cual es mi sorpresa al ver que mi maravillosa compañía, factura todos los destinos indistintamente, haciéndome estar detrás de una despampánate chica británica de tez rojiza y 90 kilos de peso…
Mi turno se acercaba, y yo solo pensaba en no pagar el sobrepeso de equipaje y en llevar conmigo la enorme mochila en la que portar este ordenador con el que escribo.
En inmejorable ingles digo: good afternoon!
Con esta sonrisa conquistamadres y el saludo inicial me he ganado a la encantadora señora encargada de facturar mi equipaje, sobrepasa el peso, pero como me adora hace la vista gorda, no sin antes preguntarme si he tenido en todo momento mi maleta conmigo. Por supuesto, en perfecto ingles una vez más, respondo que si, salvo el rato que mi ojo derecho elegía entre el sándwich de pollo y el de huevo con mayonesa.
Hasta aquí sin problemas, con mi mochila de 12 kilos me dirijo sonriente hacia una de estas puertas que pita siempre que descuidas tu cinturón.
Como no, ante el peligro inminente de que algún terrorista islamista se inmole dentro de un avión mezclando líquido de lentillas y desodorante, veo atónito como todo el mundo desordena sus bolsos en busca de algún líquido sospechoso de hacer reacción con el del vecino.
Ya estoy en la cola hacia la puerta que decide tu futuro… el cosquilleo en el estomago comienza, coqueteo con el policía mediante miradas furtivas en un juego que no me va a llevar a ningún sitio.
Esta vez, mi carcajada es ya sonora, los de la cola de al lado, se están descalzando. La señorita Rothermeller que dirige el cotarro en esa fila ha decidido que alguno de los presentes puede tal vez llevar líquido inflamable en algún compartimento estanco y a prueba de pisotones preparado para la ocasión en algún zapato de Armani. El caso es que tras mi carcajada al imaginarme descalzo y sin cinturón atravesando la puerta del juicio final, ha llegado el descojono (¿se puede decir descojono en todo revuelto Luis? Pido perdón de antemano). Una entrañable pareja de jóvenes padres que se dirigen descalzos a visitar a sus parientes con el objeto de disfrutar de unas navidades con uno más en la familia comienzan a pasarse al niño que cuelga de la espalda del padre como si del bolso se tratase… sujétamelo tú, espera que me descalzo, etc.… total, que al final, la madre que es la menos sospechosa de los dos, atraviesa la puerta acusadora con el niño a la espalda en una de estas mochilas portaniños. ¿Que ha pasado? pues eso, ¡que ha pitado! Como no…Comprenderéis mi carcajada al imaginarme al pobre bebe pasando por la maquina de las maletas tumbado sobre la cinta transportadora. Que visionarios los publicistas de aquella marca de relojes…
En fin, es hora de ponerse serio, llega mi turno. Se que mi maleta no contiene ningún liquido inflamable, arma arrojadiza, explosivo plástico ni cosa parecida, pero no puedo sentirme raro. Esta vez la sonrisa es nerviosa,tal vez sean los dos mil cargadores de aparatos electrónicos que llevo en la maleta los que me tienen intranquilo.
Mi maleta rueda y mi cinturón junto con mi chaqueta la acompañan, pero mis zapatos no me abandonan.
La puerta del infierno no suena, ¿debo preocuparme?
No, ya se encarga otro…Disculpe señor, ¿le importaría sacar su “laptop” de la mochila? Todo esto en perfecto ingles, no lo olvidéis…
Lo saco, y el tirillas este con pistola se agencia mi “laptop” y mi mochila abarrotada de cargadores, cámaras, ipod y demás “stuff” (palabra utilizada por los ingleses para hacer referencia a las “cosas”) para volverla a pasar por el aparatejo ese de rayos X.
La cosa es que mi inocencia estaba siendo puesta en tela de juicio y eso me tenia un poco intranquilo.
- Thank you sir…
- Thanks and excuse for all the stuff in my bag… (¡Sonrisita falsa, falsísima y adelante!)
La policía británica ya me considera una persona NO PELIGROSA. Si ellos supieran, eh Maritxu?
Doce pasos y de repente, me detengo absorto, ¿Qué es esto? ¿Un centro comercial? Tanta seguridad para entrar en un centro comercial, ni que fuera ARCCO…
En fin, maravillas de la globalización. Total, como voayeur que soy, observo y detecto que la gente mira perpleja unas televisiones que me resultan familiares. Mi estomago arde de curiosidad… miro y leo…Paris, Ámsterdam, ¿Kuwait?, Málaga, alicante, Mallorca, Salou y MADRID.
Madrid, Madrid, Madrid, “delayed till 18:00”…como no!
Sonrisa esta vez inexplicable porque me toca esperar pero tengo tiempo para contaros que…
HE VUELTO
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- Published:
- 12.22.06 / 6pm
- Category:
- Pensamientos FUGA_ces
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