” el rol identitario”
Una vez aquí, querido lector, demuestras al menos la habilidad de manejar un ordenador, síntoma inequívoco del tiempo en el que nos encontramos y exigencia fundamental para todo aquel que quiera denominarse hijo de este tiempo.
Como cada momento histórico, el nuestro, este siglo XXI queda caracterizado por la velocidad de las comunicaciones, y como consecuencia trágica, la migración humana. De más a menos, podría hablar si fuera un analista tópico, de la inmigración-emigración a nivel global, pero esta realmente no me interesa como contenido de este mensaje. Me quedo con la de menor escala, tratando la escala en términos métricos, puesto que, ambas la mayor y la menor funcionan impulsadas por el motor de la realización personal y la búsqueda de una vida mejor.
La migración Inter.-ciudadana ya sea internacional o no, provocada por la especialización masiva de todos los sectores de la vida, obliga hoy, a miles de personas a tomar la decisión de desplazarse a otra ciudad ya sea de manera permanente o intermitente para desarrollar la actividad que cree, le dará la felicidad.
La modernidad, obliga al ser humano a desenraizarse, para formar parte de un entramado social, desenraizado también y receloso de no poder disfrutar de aquello que le era cercano y afectivo. El ser social, cada día más egoísta, frustrado al verse obligado a vivir los dictados de la modernidad, ve en su comportamiento, único para él, su única vía de escape. Esto, genera un ambiente de enfrentamiento, en el que cada individuo, lucha contra si mismo y contra los demás pretendiendo salir victorioso de un combate perdido de antemano.
Un ser humano que distingue y agrupa a los demás en tres grupos, no merece sino la condena de vivir entre los que se quedan, los que se van, y los que vienen. Deberemos por tanto convencernos de que este viaje es cosa de todos. Los que nos quedamos, entenderemos que los que vienen, han tomado la difícil decisión de abandonar aquello que les pertenecía en busca de algo que les acabe perteneciendo. Nos guste o no, compartamos o no el objeto de la búsqueda, creo que es responsabilidad de cada uno aparcar los juicios de valor, para hacer que la vida de esas personas sea más sencilla, más amena, y sobre todo más cercana. Los que nos vamos, debemos tener en cuenta la dificultad de nuestro viaje, y sobre todo el compromiso adquirido con nosotros mismos el día que partimos. No perdamos de vista quienes somos antes de ir, y sobre todo, practiquemos la autocrítica como vía para debilitar o fortalecer nuestra imagen interior. Distingamos en aquellos a los que visitamos lo positivo y lo negativo, como salvaguarda de nosotros mismo en la lucha identitaria. La identidad comunitaria es únicamente la suma de las identidades particulares, el rol que nos asigne el entorno sólo deberá ser adquirido cuando coincida con nosotros mismos, y sobre todo, no perdamos de vista que a lo largo del camino las dificultades han podido incrementar nuestra capacidad de mimesis. Los que llegamos tenemos la obligación de ser respetuosos con el lugar de destino. Costumbres, ritos y formas de hacer propias, son herencias (negativas tal vez) susceptibles de perderse en el mundo moderno. Optemos por las que nos ayuden a desarrollar nuestro camino personal y desechemos el resto, pero no caigamos en la tentación de arremeter contra ellos, en un gesto de egoísmo, propio del que quiere imponer su modo de vida.
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- Published:
- 10.10.06 / 1am
- Category:
- Pensamientos FUGA_ces
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