Posted on Sunday 18 May 2008
Por H o por B, he ido este viernes a Beijing. Hacerlo en avión es por supuesto más rápido, pero también más caro. La opción siguiente es el tren, que entraña más aventura al ser de noche, que seguramente nadie sabe inglés, y también por curiosidad.
El primer paso es comprar el billete. Voy a la taquilla de una agencia y pregunto por el tren de la noche a Beijing el viernes. Agotados. Me dicen que aunque estén agotados me lo pueden conseguir por un poco más de precio. Un amigo llama a un amigo y a su vez este a otro. Doy el dinero y al día siguiente tengo el billete. Por qué sucede ésto? La explicación es la siguiente: una mafia se compra billetes a porrillo que después revende para sacarse unos duros. En fin…
Llego a la estación, que es un sitio absolutamente abominable, lleno de gente a patadas, mendigos por el suelo y gente que vende el tipo de cosas más insólitas. Como no se bien por donde se entra, pregunto al primer tio uniformado que me topo en mi camino a no se bien dónde. Le pregunto que a ver por dónde se va al tren para Beijing, y me dice que si quiero comprar billete que el me lo vende, le digo que ya tengo, le cambia la cara y me indica una cola increiblemente larga. Voy para allá. La cola era para una máquina de rayos X que nadie controla, era de esperar. Sigo mi camino hacia la sala de espera más surrelista que he visto. Gente con maletas tirada por todos lados, un regimiento de chinos, parecía que iban a invadir Taiwan. Cuando todo el mundo se levanta y empieza a correr, hago lo propio. Se montan unas filas y te van cortando el billete cuando vas hacia el andén.
El tren no tenía ni principio ni fin, vagones, vagones y vagones, chinos, chinos y más chinos. Solución rápida, preguntar. Me indican que el mio es el 15. Después de 10 minutos andando pasando números de vagones en orden decreciente llego al 15. Mi número de cama es el 21. Según entro en el vagón, veo en el suelo un 21. 6 camas y nadie en ellas. Así que me cojo una de las de abajo y me tiro tranquilamente. Empiezan a llegar chinos, chinos y más chinos. Una pareja de ancianos viene hacia mi bloque de camas. El señor se coge la de abajo al lado mio. Mi sentido cívico me indica que le ceda a la señora mi cama, así que lo hago (creo que entendió lo que le dije porque me dio las gracias) Según llegan más chinos veo que hay más gente en mi bloque de camas que camas. Llegan dos chinos y uno me empieza hablar. Entiendo la palabra sentarse, así que me siento en mi cama. Me sigue soltando un chorreo impresionante en el que solo entiendo tu, yo sentar, y poco más. Y yo en mis trece, que ésta es mi cama. Pues nada, un chino que había por ahí resulta que sabía algo de inglés, y dice que el otro quiere cambiarme el sitio por el suyo que está con un amigo. AAHHHHH, ahora si. Ves que bien nos entendemos si habláis en inglés…? Le digo que vale, y que me de su billete que yo le doy el mio. Mira mi billete y me dice, pero si ésta no es tu cama! Venga…
Viene el revisor y mira mi billete, me dice que mi cama está al fondo del vagón, número 21. No número 1 y 2 donde yo me había sentado… es que soy de listo…
Me ‘acomodo’ en la tercera litera con el techo a 10 cm de mi cabeza. Si me levanto de un susto me hago una brecha en la ceja. Antes de meterme en la ‘cama’ miro un poco el resto del vagón. El baño: no hay taza. Un agujero en el suelo. Y un letrero que pone zona de fumadores. Para morirse de la risa. Claro montón de chinos fumando en el baño. Luego ya me metí a la cama y conseguí dormir. Unas horas después llegué a Beijing, sano y salvo.
Brevemente os cuento lo que hice en Beijing. Llegué al hotel que me habían conseguido. Típica casa china antigua, tipo Hutong, muy chulo, en el centro de Beijing. Salí a ver el templo del cielo, bonito, y un par de cosas viejunas más. Hasta que descubrir un bar marivilloso con sofás y música decente. Al hotel de nuevo, ducha, cena y farra. Un par de bares de música en directo, bien. Otro de chinos hip hoperos, para morirse de risas. Otro de cubatas a un euro y música electrónica, bien y por último una discoteca de matraka a tutti, donde en la entrada según te ponen el sello te dan un chupito (bien márketing, bien!) Después a la cama que ya es tarde. Me he levantado a una hora prudencial, comer algo y al aeropuerto. Ahora estoy ya en Luoyang de nuevo, dispuesto a afrontar una semana infernal…
















